Cualquier persona que se proponga adelgazar debería leer esto. Si tienes familiares o amigos que lo estén intentando, haz que lean esto y evítales perder tiempo, salud y dinero. No hay más verdad, a la hora de adelgazar, que esta: no se puede adelgazar sin esfuerzo.
Según la primera ley de la termodinámica, la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, así que por ese mismo principio no esperes que la energía almacenada en tu cuerpo en forma de grasa desaparezca de buenas a primeras. Esa energía hay que transformarla, y la única forma de hacerlo es obligando al cuerpo a utilizarla, algo que generalmente sólo ocurrirá si:
- A) Pasas hambre (lo cual supone un esfuerzo).
- B) Haces ejercicio (lo cual supone otro esfuerzo).

¿Qué esfuerzo van a hacer algunos para adelgazar, si no lo hacen ni para comprar la comida que les hace engordar?
Si no estás de acuerdo, puedes seguir esperando un milagro, gastando dinero en cremas, pastillas o aparatos de estimulación eléctrica que prometen resultados casi mágicos... o puedes seguir leyendo y ver que sin esfuerzo no se adelgaza.
¿Por qué es imposible adelgazar sin esfuerzo?
Al cuerpo no le gusta utilizar la grasa para obtener energía, sino que prefiere almacenarla para casos de emergencia. Hoy día, a alguien como tú, que vives en un país desarrollado donde la comida es tan relativamente fácil de conseguir como abrir la nevera, ir al super de la esquina o llamar a Telepizza, puede que esto le parezca una función innecesaria del cuerpo, pero lo cierto es que hace cientos de miles de años (salvo que prefieras creer la versión de la Biblia™), mucho antes de la aparición de la agricultura y la ganadería, las cosas no eran tan sencillas: la comida excaseaba y lo que se podía conseguir con mayor facilidad eran raíces y tallos, quizás algunos tubérculos, alimentos por lo general con poco contenido energético, mientras que alimentos ricos en azúcares como fruta lo suficientemente madura, eran más difíciles de conseguir, y fuentes de proteína o grasa abundante como grandes animales, todo un lujo. De ahí que nuestro cuerpo desarrollara el gusto por la grasa, la carne o lo dulce (algo que, como habrás comprobado, perdura), como una forma de decirnos "hey, esta gacela está repleta de energía, no como esas lechugas silvestres que llevas comiendo desde hace días, así que come, come todo cuanto puedas, come hasta hartarte, que quién sabe cuándo podremos volver a comer algo así de nutritivo, y no te preocupes, que lo que no gastes ahora lo guardo yo para cuando vaya haciendo falta".

Tal y como ocurría hace miles de años, el mayor esfuerzo para estos cazadores no es adelgazar sino todo lo contrario: conseguir suficiente comida para ellos y sus familias, tarea nada sencilla en su caso y que de por sí consume mucha energía. Ni rastro de diabetes tipo 2, por cierto.
Y eso fue maravilloso, porque el vernos forzados a aprovechar al límite cada oportunidad que se presentaba aumentó las posibilidades de supervivencia de nuestra especie, al permitirnos además llevar encima, generalmente en el abdomen, una reserva de energía para momentos de necesidad. Pero claro, todo esto ocurrió en tiempos en los que no había ni granjas, ni supermercados, ni medios de transporte, ni trabajos de 8 horas, ni televisión y por supuesto ni cheetos, helados, Coca-cola, bacon o croquetas congeladas. Y como todos esos avances de los que disfrutamos ahora y nos hacen la vida tan sencilla son relativamente recientes, a nuestro cuerpo no le ha dado tiempo a adaptarse evolutivamente y sigue incitándonos a comer de más y almacenando todo lo que no podamos quemar inmediatamente. Para desgracia de tanta gente.
En general, hay que hacer suficiente ejercicio como para que el cuerpo consuma toda la energía que normalmente puede conseguir con facilidad (como el glucógeno) y que se vea entonces obligado a obtener la energía necesaria de las reservas de grasa. Y para llegar a este punto no te quedará otra que hacer un gran esfuerzo y sufrir. Es la forma que tiene tu cuerpo de vengarse por tantos días, semanas, meses e incluso años de abuso.
También puedes reducir el número de calorías consumidas, es decir, hacer dieta (pero nunca en exceso), en cuyo caso el sufrimiento será pasar hambre y el esfuerzo recaerá en evitar los atracones repentinos o en ser capaz de rechazar esos alimentos grasos y dulces que tanto te gustan... y que tu propio cuerpo no para de pedirte que comas. Esa sí que es una venganza cruel.
Haciendo esfuerzos... para evitar el esfuezo
Muchas empresas se aprovechan de que hay gente, a veces con más dinero que neuronas, que pagarán lo que sea con tal de evitarse el esfuerzo que supone adelgazar, y de ahí que haya en el mercado todo tipo de productos que prometen eliminar el exceso de grasa sin tener que sufrir por ello. Qué pena que la realidad sea más dura.
Por la cantidad de productos adelgazantes que aparecen practicamente a diario, por el volumen de negocio que generan y, tristemente, por las pocas promesas que cumplen, el mercado de los productos para adelgazar es sólo comparable al de los potingues rejuvenecedores y anti-edad. En algo que también coinciden es en llevar décadas, y sin que se les caiga la cara de vergüenza, anunciando haber encontrado, por fin, esta vez sí que sí, la solución definitiva a los problemas que prometen eliminar, como el envejecimiento de la piel o la obesidad. Y año tras año, mes tras mes, aparecen nuevos remedios que, de verdad, de verdad que esta vez sí que es la definitiva, solucionan los problemas que, vaya hombre, resulta que los anteriores remedios al final no fueron capaces de solucionar.
Y es que "la pela es la pela" y mientras haya gente desesperada dispuesta a gastar su dinero en productos que prometen adelgazar sin esfuerzo (¿quién no querría algo así?), seguirá habiendo empresas vendiéndolos a base de contar medias verdades o de respaldar sus increíbles afirmaciones con encuestas, estudios y tests de andar por casa (pero científicos, por supuesto), con resultados ambigüos y más que relativos que hay que coger con pinzas. Todo, cómo no, con la complicidad de autoridades y medios de comunicación que los publicitan, que tanto se llevan por su parte. Y ojo, que a mí, personalmente, en el fondo no me parece mal que haya empresas que vendan este tipo de productos (siempre y cuando no supongan un peligro potencial o real para la salud de quienes los cosnuman), lo que sí me molesta es que se juege con la verdad o que haya quien se deje engañar habiendo tanta información al respecto.

No se pueden cometer excesos y prentender luego que una pastilla haga por nosotros todo el esfuerzo. Hay que ser consecuentes y afrontar la realidad: librarse de todo eso será doloroso.
Lo cierto es que hay productos adelgazantes que tienen alguna utilidad, pero no son todos y sus resultados distan siempre mucho de lo que se podría esperar, especialmente comparándolo con lo que afirman de ellos quienes los venden. Y en el caso de que aporten esos excasos resultados, suele ser, siente decirlo de nuevo, a cambio de algo de sufrimiento. Porque no puedes, por ejemplo, tomar pastillas que reduzcan tu petito, lo cual es un proceso vital, sin riesgo de padecer consecuencias negativas; o tomar productos que eviten la absorción de grasas sin que tu cuerpo se resienta de algún modo, puesto que las grasas son esenciales en una dieta saludable y necesarias para el correcto funcionamiento del organismo (amén de indispensables, quien lo diría, para adelgazar correctamente); o no puedes tomar ciertos termogénicos sin riesgo de padecer sofocos, naúseas o taquicardia. En general, excitación, nerviosismo, depresión, cambios de humor, irritabilidad, dolor de cabeza o abdominal, vómitos, diarrea y un sinfín de efectos poco agradables son el precio que tu cuerpo se puede cobrar por forzarlo a cambiar su funcionamiento normal. Y no son pocos, por otra parte, los productos que con el tiempo se han retirado de distintos mercados por sus potenciales efectos perjudiciales, que en casos extremos han conducido a la muerte de algunas personas.
Por eso, mi primera recomendación acerca de los productos adelgazantes es que si piensas consumir alguno, consultes antes a un especialista, porque ni todos los productos funcionan, ni cada persona responde a ellos de igual manera, y lo que sí funciona para algunos no lo hace para otros, y lo que no acarrea consecuencias negativas en algunas personas, sí lo hace en otras. No jueges con tu salud.
Y la segunda, es que veas este tipo de productos como lo que realmente son: una ayuda, no una solución. En según que ocasiones, pueden llegar a resultar un buen complemento a una dieta hipocalórica, pero completa y equilibrada, y a un plan de ejercicio adaptado a tu condición física y objetivos a conseguir, pero jamás esperes que te eviten ese tipo de esfuerzos por que simplemente no van a hacerlo. Creer lo contrario es engañarse. Y tirar el dinero. Una y otra vez.

De ilusión, dicen, se vive, pero no se adelgaza. Tomárselo con humor, puede ser un paso.
Otro tanto puede decirse de los incontables aparatos que, supuestamente, te permitirán obtener mejores resultados con menos esfuerzo, o con ninguno, de hecho, cuando la realidad es que cuanto más esfuerzo te eviten menos harán por ti. Es algo tan lógico que ni merece la pena externderme más.
Asúmelo: adelgazar siempre requiere algún tipo de esfuerzo
Puede ser desde un esfuerzo físico (como levantar el culo de sofá y ponerse a correr) a un esfuerzo mental (como privarse voluntariamente de la comida preferida), aunque si se quiere adelgazar de verdad, de forma saludable y definitva, generalmente serán los dos tipos de esfuerzo al mismo tiempo.
Existe, no obstante, otro tipo de esfuerzo que puede, además, dar buenos resultados, aunque no siempre: el esfuerzo económico. Y no me refiero a que haya que gastarse un sólo euro en productos milagrosos, sino a un tema tan serio como el de la cirugía estética. Que se esté a favor o en contra de ella es algo muy personal, pero lo que no se puede negar es que, para ciertos casos, supone la única solución a problemas que de otro modo requerirían, como hemos visto, de grandes esfuerzos. Aunque por otra parte, también es cierto que someterse a cualquier procedimiento quirúrgico puede suponer, por su parte, tanto un esfuerzo mental (porque a muy poca gente le agrada la idea de meterse en un quirófano) como físico (anestesia, medicación, postoperatorio, curas, etc.). Sin olvidar, claro, que en lo que a operaciones se refiere, no siempre sale todo bien...
Vamos, que para adelgazar hay que sufrir y punto. Cuánto haya que sufrir ya dependerá de la situación de cada cual (kilos a perder, fuerza de voluntad, metabolismo, método elegido, etc.), pero en ningún caso esperes resultados sin esfuerzo de tu parte. Es inútil y lo sabes. O al menos, YA lo sabes. No caigas en el error, no vuelvas a caer en él y no dejes que lo hagan otras personas.
NIL SINE LABORE




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